Ponenecia presentada en el Seminario "Perspectivas del Intercambio Colombo - Venezolano", organizado por la Cámara Colombia Venezuela, en la ciudad de Santa Fe de Bogotá el 07 de octubre de 2010.
Colombia siempre ha estado presente, de una manera u otra, en el accionar político del Presidente Chávez. A raíz del fallido golpe del 04 de febrero de 1992, emitió, conjuntamente con sus compañeros de armas que lo acompañaron en su intención de romper el hilo constitucional, un documento exigiendo la paralización de todas las negociaciones con Colombia que adelantaba el gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez. Consideraban que éste no contaba con el apoyo nacional, y atacaron duramente toda la política que venían adelantado los gobiernos de Colombia y Venezuela a partir de la firma del Acta de San Pedro Alejandrino de marzo de 1990. Culpaban a Colombia de presionar indebidamente a Venezuela, particularmente al amenazarla de querer llevar a terceras instancias la delimitación de las áreas marinas y submarinas en el Golfo de Venezuela.
La política exterior adelantada durante los once años correspondientes a los gobiernos del presidente Hugo Chávez, ha estado directamente vinculada y refleja los avances logrados internamente por la Revolución Bolivariana para llegar, de manera paulatina pero sistemática, a lo que el propio Chávez ha denominado el “socialismo del siglo XXI”. Ello, porque “la evolución del proceso revolucionario bolivariano es indisolublemente nacional-internacional”. Se trata de la proyección hacia el exterior de la política interior.
Esta política exterior se fundamenta en la confrontación entre dos polos ideológicos: capitalismo versus socialismo. Y, como propuesta única y alternativa para Venezuela y el mundo, el “socialismo del siglo XXI”. Consecuentemente persigue por una parte, consolidar internacionalmente la revolución que se adelanta al interior del país y por la otra, colocar a Chávez como líder indiscutible de la izquierda internacional.
Para la proyección geopolítica regional y la subsistencia del proyecto socialista promovido por la Revolución Bolivariana, Colombia es una pieza fundamental. Por tanto, la confrontación ideológica de Chávez no es frente a tal o cual gobierno legalmente constituido en Colombia sino frente al sistema Colombia, es decir, frente a lo que él denomina las “oligarquías colombianas”. Indudablemente dos concepciones ideológicas se contraponen, en especial en lo que se refiere al ejercicio y ejecutorias democráticas, las relaciones regionales, el equilibrio geopolítico y finalmente, en cuanto al rol del comercio internacional como elemento dinamizador del desarrollo económico-social interno.
Estos últimos once años se han caracterizado particularmente por crisis recurrentes, cada vez más frecuentes y más profundas, que en ciertos momentos pusieron en verdadero peligro un mínimo entendimiento entre las dos naciones. Las causas de ello lo encontramos esencialmente en las diferencias ideológicas que separan a Chávez del estamento político, empresarial y militar colombiano. En fin, las relaciones entre los dos países se trocaron en un ejercicio hasta cierto punto desgastante, conflictivo, personalista, no cooperativo, de desconfianza mutua, de amenazas y extorsión bilateral.
Otro factor que ha influido dramáticamente en las relaciones bilaterales lo constituye los Estados Unidos. El presidente Chávez tiene un plan geoestratégico que se propone la construcción de un nuevo mundo multipolar basado en la creación de nuevos polos de poder que representen el quiebre de la hegemonía del “imperialismo norteamericano”. Consecuentemente, confronta permanentemente al “imperialismo norteamericano”, por lo que las relaciones especiales de los Estados Unidos con Colombia y la existencia del Plan Colombia son percibidos como una amenaza latente para la revolución bolivariana, lo que a su entender conduciría a una guerra asimétrica contra el imperio norteamericano y su aliado Colombia.
Pero de todos y sin lugar a dudas, el factor de mayor perturbación en las relaciones bilaterales han sido las relaciones equívocas, ambiguas y dudosas que a lo largo de estas dos últimas décadas se han tejido entre el presidente Chávez o miembros de su gobierno con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC -EP). Ello llevó, por cierto, a que las relaciones colombo venezolanas comenzaron a sufrir desde 1999, en lo diplomático y político, un importante deterioro en beneficio de una importante intensificación de la cooperación con Brasil.
Ahora bien, a pesar de los temores que producían altibajos en las relaciones políticas bilaterales, y de las constantes restricciones impuestas por las autoridades venezolanas al comercio bilateral, parecía que el comercio era inmune a los avatares de la política, y ello en gran parte como consecuencia de un buen entendimiento de los sectores privados de ambos países. Tal es el caso que si bien el comercio se vio afectado a principios del presente siglo, debido a las dificultades por las que atravesaban ambas economías, desde el 2004 creció de manera constante aunque profundamente desequilibrado, puesto que en el 2008 por cada dólar exportado por Venezuela importábamos seis de Colombia. Ciertamente, esto es ante todo consecuencia de una destrucción importante del aparato productivo venezolano, en particular el privado, por ataques constantes a la propiedad que se traducen, entre otros, en expropiaciones o confiscaciones. Lo cierto es que hoy por hoy existe una mayor concentración en un solo producto en nuestras exportaciones toda vez que el 94% de las mismas es petróleo o sus derivados. Del 6% restante, que representa unos 3.600 millones de dólares, solo entre 1200 y 1500 lo constituyen las exportaciones del exiguo sector privado venezolano.
En el año 2008 el intercambio comercial bilateral alcanzó su valor máximo histórico, con la cifra de unos 7.200 millones de dólares, de los cuales seis mil millones correspondían a las exportaciones colombianas y unos 1.200 a las venezolanas. Las ventas colombianas a Venezuela adquirieron una relevancia fundamental para nuestro país frente a la crisis global. Simultáneamente, nuestro mercado fue muy importante para las manufacturas colombianas como consecuencia de la no aprobación del TLC por parte del congreso de los Estados Unidos de Norteamérica.
Como consecuencia de la información que se diera de que Colombia negociaba con los Estados Unidos de Norteamérica un acuerdo bilateral que permitiría a este último utilizar siete bases militares colombianas, el presidente decide, en declaración que realiza el 21 de julio de 2009, revisar las relaciones con Colombia.
FERNANDO GERBASI
07/10/10
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